
A veces, necesitamos un tiempo para nosotros mismos. Buscamos la soledad para reflexionar, ordenar nuestras pensamientos y sentimientos. Darnos un respiro cuando nos encontramos surmergidos en una vorágine de situaciones en las que nos vemos atrapados.
Pero cuando de repente nos sentimos solos, abandonados y sin espectativas de vida, la soledad se vuelve insoportablemente dolorosa. El cuerpo se abandona, la mirada se torna triste y las lágrima pujan por salir.
